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CITA CON HACIENDA

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   A este botón no le encuentro el ojal. Me lo debí dejar en la ventanilla el otro día. El  que perdí las hojas de la rosa que le iba a regalar. Tendría que mirar en el armario de los formularios, puede que esté junto al del segundo trimestre, cuando fui a por etiquetas adhesivas porque la floristería estaba cerrada. Aunque me ponga una camisa con los botones a la izquierda me lo perdonara cuando le diga: “¡Qué guapa estás, Hacienda!”. Y me volverá a perdonar cuando le diga que en la puerta de la floristería había un cartel que ponía: “Te estoy esperando en la acera de enfrente”.

 



LLEGARON PARA QUEDARSE / 28

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Los hombres podían ser tan efectivos como Dios en ámbitos distintos del de la destrucción.

 

El hombre que plantaba árboles. Jean Giono. Los pequeños libros de la sabiduría. José J. De Olañeta, Editor.



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TURBANTE

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  La primera vez que oí la palabra turbante, no tenía ninguno en la cabeza, por no tenerlo, ni tengo ahora en la memoria el día que lo oí por primera vez. ¿Cómo sabemos cuando entra en nuestro registro civil mental las palabras? Ni idea, pero seguro que en nuestra oficina de nuestro registro civil mental particular, el mostrador no es de negro mármol, a lo mejor es de blanco satén, como turbante. Uno de esos que no se sabe como se forman, puede venir de una sábana, de un mantel sin acabar de plegar porque había que ir al registro civil antes de que cerrara. Sí, parece que no, pero nuestro registro civil mental también cierra, puede que la sección del inconsciente permanezca abierta siempre, pero la oficial, la que te da número de registro y esas cosas, cierra antes de que quites el gas y apagues la luz al acostarte.

 

  No sé porque nunca he visto a nadie dormir con turbante, imagino que porque nunca he ido sentado en un avión subterráneo con un turbante a mi vera. La verdad es que los aviones que vuelan bajo pocas alas deben dar a los turbantes. Pero imagino que no estáis viendo un turbante rosa champán; no, no os mintáis, es imposible, salvo que seáis un número de esposa de saudí aburrido, no habéis visto el rosa champán en vuestra cabeza ni se os ha pasado un avión en vuelo rasante por vuestra tela de cabecera.

 

   O igual es que turbante, rima con elegante, o con rimbombante, o es que como el sufijo pasa, el prefijo turba, y en los domingos de sol de mayo si no te clavan una comunión sin turbante, no te has de preocupar por nada, así que dale que te dale, que mañana si alguien escucha esto, mejor que no lo lea una vista turbada.

 

 


LLEGARON PARA QUEDARSE / 27

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  ¡Adiós! ¡Vivas o caigas, adiós! Tus probabilidades son pocas. El torbellino al que has sido arrastrado durará aún algún año más, y nosotros no nos atrevemos a decir que lograrás salir incólume. Hablando sinceramente, dejamos la cuestión sin resolver, y casi nos da igual. Aventuras del cuerpo y del espíritu, aventuras que refinaron tu sencillez, que te hicieron vivir en el espíritu lo que probablemente no vivirás en la carne. ¿De esta fiesta mundial de la muerte, de este terrible delirio que abrasa a nuestro alrededor la noche lluviosa, surgirá algún día el amor?

 

La montaña mágica. Thomas Mann.


VICTORIA Y VIDA

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Los tranvías de Barcelona a principios del XX.

 

 

 

ZARAGOZA, 1-ESPANYOL, 0

 

 

 

La Romareda, Zaragoza. Domingo 15 de mayo del 2011.

 

 

  Una semana después a la misma hora, el Zaragoza volvió a saltar a La Romareda con la misión de ganar o ganar. Repitió el lleno en el graderío, cambió un rival de rojo peligro que se jugaba la salvación por un equipo blanquiazul que por respeto llevó una camiseta a trozos gris, a trozos negra. No era una indirecta de pésame para los inocentes de blanco. Sí, una demostración de que cuando a uno no le importa demasiado el percal, se pone cualquier cosa.

 

  No lo era para los de Aguirre, que calcaron la primera parte siete días después, varias ocasiones perdidas, algún error defensivo, todo tamizado con el ponderado sentimiento de ansiedad manifiesta. Eso sí, sin lanzarse al precipicio desde el primer minuto. De esa manera, el descanso pareció un tiempo muerto, no había demasiado resuello en los locales al irse a la ducha, menos aún en el Espanyol, que se fue tan tranquilo al vestuario, que su entrenador Pochettino cogió por el hombro a Aguirre, y se metieron en el largo túnel de vestuarios para hacer el camino juntos. Dice el diccionario de la RAE dentro de la segunda acepción de la palabra tácito, así. Que no se entiende, percibe, oye o dice formalmente, sino que se supone e infiere.

 

  No se sabe si hablaron de dónde iban a pasar sus vacaciones de junio, de si aprobarían el curso, o de dónde estarían la próxima campaña. Lo que sí que cambió, fue la segunda parte. El Zaragoza siguió a la suya, buscando el tiro desde cualquier lugar, y a los diez minutos de la reanudación lo encontró. Le llegó a Ponzio un balón a quince metros del aréa, a otros tantos, los hombres de gris y negro; así que el blanquillo preparó el gatillo, concentró la mirada entre los tres palos y soltando la pierna embocó con comodidad el balón en la portería de Kameni. El alivio primero, el delirio luego para los locales, ni un mal gesto en los visitantes que en el banquillo oían por radio como se esfumaban sus últimas opciones de jugar el año próximo en Europa.

 

   Pero quedaba todavía media hora larga, media hora para que salieran los pipiolos Álvaro e Isaías, para que los dos visitantes se explayaran. Y casi lo consiguen gracias a su portero rival que ante un disparo sencillo, dobló las manos, dejó el esférico a los pies de Álvaro que hizo lo inverosímil para no embocar ni después su compañero, hasta que Leo Franco rectificó y evitó el infarto a medio graderío. Vio el ataúd el Zaragoza en esa jugada y se dejó de hacer experimentos que una semana antes le había llevado a conjugar el verbo no ganar.

 

  Consiguió esta vez quitarse el no, con la ayuda de los de gris y negro que dijeron no a poner al partido intensidad porque tenían prisa por cerrar su último desplazamiento hacia su ciudad en autobús, con el viento de cola, que el cierzo sopló de lo lindo. El Garbí igual sopla la próxima campaña, de momento acabó el partido sesteando, lo despertó el griterío de La Romareda al acabar el partido, que despidió a Ánder y este se fue al vestuario con el alivio de saber que dependen de ellos mismos para salvarse. La salvación pasa por el este, por dónde se fue el visitante tácitamente.

 


LA TRIESTE DE MAGRIS

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Foto de Paolo Carbonaio.

 

 

 

   Trieste, estación central, jueves 20 de octubre de 1904, primeras horas de la tarde. Una imagen, fotografía de James Joyce y Nora Barnacle, muy joven. “Nada más llegar, Joyce, como ya había hecho en París, dejó a Nora en los jardines frente a la estación y se dirigió al centro de la ciudad en busca de un lugar donde pasar la noche.” (John Mc Court).

 

   El párrafo anterior es de Claudio Magris, la manera más calmada y clara de entrar en Trieste, su ciudad natal, su ciudad pasada, su ciudad presente, la ciudad a la que ha dedicado también su tiempo para la exposición que por primera vez se muestra, en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, La Trieste de Magris.

 

   El CCCB, tras enseñar el Dublín de Joyce, la Lisboa de Pessoa, la Praga de Kafka y el Buenos Aires de Borges, acoge por fin a un escritor vivo. Y así lo demuestra que el propio Magris junto al realizador y músico italiano Giorgio Pressburger hayan organizado una de las muestras visuales más acogedoras. Diecisiete espacios en el recorrido para probar con los cinco sentidos que es Trieste. El tacto de las piedras del Carso, la roca que despide a la ciudad cuando muere en el Adriático; el gusto del café San Marco, donde un retrato de Magris indica la mesa de la esquina donde el autor pasa más de una tarde escribiendo sobre su mármol, como muestran los manuscritos de la recreación del café; el oído con el viento Bora, que bajando de los vecinos Alpes Julianos voltea a los triestinos si no se agarran a las cuerdas que el ayuntamiento pone los días en que ha alcanzado los 150 km/h; el olfato de El Danubio (Anagrama) en sus manuscritos con los esquemas de colores que muestran los distintos niveles de escritura, el ensayo que recorre las culturas centroeuropeas a través del olor de Magris; y la vista de la librería Antiquaria Umberto Saba, que durante 40 años dirigió el poeta triestino.

 

   Pero por encima de los cinco sentidos, sobresale Trieste por ser plurirreligiosa, multicultural y políglota. La primera ciudad Babel de Europa a donde llegaron italianos de toda la península, turcos, armenios, griegos, húngaros, rumanos, checos, alemanes, polacos, albaneses, serbios y bosnios. Multiétnica, con la variedad de procedencias, Trieste paso también a denominarse el no lugar, el nowhere del que la escritora Jan Morris, impenitente viajera, habla en su novela Trieste and the meaning of nowhere (2001). Trieste y el significado del no lugar recoge datos tan curiosos como que en 1999, el 70% de los italianos no sabía que Trieste pertenecía a su país. Dice el propio Magris sobre la exposición en el CCCB: “La Trieste creada por esta exposición no es tanto un lugar como la hipótesis, la nostalgia, la profecía, la ficción de un lugar”. O como dijera el dramaturgo vienés, Hermann Bahr, a principios del siglo XX: “Trieste es extraña, el paisaje es maravilloso, más bonito que Nápoles, pero no es una ciudad. Se tiene la impresión de no estar en ningún lugar. He tenido la sensación de estar suspendido en la irrealidad”.

 

   La misma sensación que se puede tener viendo  la Piazza dell’Unità, en la que un lado lo delimita el Adriático, y los otros tres, los edificios que conforman la plaza con vistas al mar más grande de Europa, y que recorre el escritor triestino Ítalo Svevo en La consciencia de Zeno. De origen húngaro de Transilvania y judío debía acudir a Inglaterra para abrir una nueva sucursal de la empresa de pinturas de recubrimiento naviero que su suegro poseía. A pesar de su pronunciación italiana defectuosa, lo que le preocupaba era tener que aprender inglés. Y a Joyce para poder seguir escribiendo, algún trabajo. El escritor irlandés enseñó ingles a Svevo, y el triestino, judío a Joyce.  Joyce vivió más de quince años en la ciudad, fue expulsado por impago del alquiler de más de media docena de casas, pero pudo escribir el Ulises, basando la caracterización de su personaje principal, Leopold Bloom, en el  director y fundador del diario Il Piccolo, Theodor Mayer.

  Joyce, Svevo, Saba, Rilke retirado en el promontorio, después búnker del ejército nazi,  del castillo de Duino donde escribió las dos primeras Elegías de Duino (Hiperión), el psicoanalista Weiss, o Boris Pahor, triestino de 1913, el único escritor superviviente a los campos de concentración que todavía vive, describe el horror en Necrópolis (Anagrama).

 

     En el apartado dedicado en la exposición a los inmigrantes seculares, destaca Marisa Madieri, la esposa de Magris. Nacida en Fiume (Rijeka), dejó la ciudad istriana después de la Segunda Guerra Mundial para vivir en un campo de refugiados de la ciudad, la escritora fallecida en 1996 deja narrada en obras como Verde agua (Minúscula), la infancia en las tierras perdidas. Después de treinta y dos años de matrimonio y dos hijos, Magris describe la desaparición de su esposa como el acontecimiento que “mutiló en una parte esencial mi propia vida” y que volcó en la escritura de Así que usted comprenderá (Anagrama), una reinterpretación del mito de Orfeo y Eurídice, obra representada ya en teatro, y de la que ahora se estrena la película en una de las últimas salas de la exposición en el CCCB.

 

 

 

  Al final de ver la exposición queda un tono subjetivo; un color, el azul. Podría ser el azul del Adriático, o el del Océano mar (Anagrama), sin embargo, el imborrable es el del caballo que, bajo los métodos del doctor Franco Basaglia, pintaron los miembros del hospital de psiquiátrico de Trieste. Un gran caballo azul de cartón piedra, ideado por los propios pacientes, en memoria de un caballito que repartía la ropa de cama en los pabellones del hospital, y que como el de Troya, bajó acompañado de enfermos, médicos, y voluntarios al centro de la ciudad el domingo 25 de marzo de 1973. Casi setenta años después de que llegarán Joyce y su mujer por primera vez a Trieste. Cosas que muestran escritores generosos como Magris.

 


 

Texto recogido en las páginas centrales del suplemento Artes & Letras del Heraldo de Aragón de fecha, jueves 12 de mayo del 2011.


LA IMPACIENCIA DEL SUICIDIO

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 Plaza de toros de Pamplona.

 

ZARAGOZA, 1-OSASUNA, 3

 

  

 

La Romareda, Zaragoza. Domingo, 8 de mayo del 2011.

 

  La silueta de Benedé, Poyet, Nieves, Nayim y Arrúa coronaba el Fondo Norte. A los pies de sus botas, un subtítulo: “Llegó vuestra hora”. Con este llamado a la puntualidad saltaron al campo los de Aguirre, ya de por sí mentalizados por el entrenador y los blanquillos presionaron hasta desgastar a la retaguardia osasunista. A base de percutir en el presunto baluarte navarro, al tercer desliz de su central Lolo, la pelota le cayó al entonado Lafita para definir a la izquierda de Ricardo y empezar a pensar que el Zaragoza seguiría derecho otra temporada más.

 

  Y lo pareció durante una hora, lo corroboraba el par de mano a manos que tuvo Uche, que dejó que parecieran paradas de Ricardo lo que no fueron más que remates de invidente. En la grada se empezó a recordar aquello de que nos acordaremos de lo que estamos perdonando. No le faltaba la razón a los que llenaron el graderío, pues a nadie se le podía discutir que el Zaragoza merecía ganar el partido. Pero si a Aguirre se le atribuyen grandes poderes de mentalización, no parece que rimen con el de cerrar los partidos. Sí, mereció ganar el Zaragoza el encuentro, pero resulta imposible que sea así, cuando lo perdió hasta tres veces.

 

  La primera con la falta de definición para ponerse con dos o tres a cero en la primera hora de juego. La segunda cuando adoptó a Osasuna y permitió jugadas a balón parado en las que en el segundo palo se deja al rival más alto, Sergio, cabecear al palo contrario mientras Jarosik todavía anda buscando su marca. Y la tercera, cuando se suicidó y a falta de un cuarto de hora, colocó de delantero centro al susodicho Jarosik como si estuvieran en los minutos de descuento y no quedaran tres partidos para decidirse la salvación. Así se las pusieron a los de Mendilíbar, que por medio del suave Camuñas puso la estocada al choque. Tres remates de Osasuna, tres goles, tres puntos, tres equipos más por detrás en la tabla.

 

  Como tres eran tres las veces que tiró el partido el Zaragoza; no definió, acomodó al rival, y se suicidó, todo la mar de eficientes, de libro, con claro efecto pedagógico ahora que llega la selectividad y vale más la claridad de conceptos que de dónde se viene. Hacía cinco años, como siluetas zaragocistas en lo alto del Fondo Norte al arrancar el encuentro,  que Osasuna no volteaba un marcador como foráneo; sí, fue también en la Romareda.

 

  Esa que por tres veces negó la salvación a su equipo; números, números y números, pero el Zaragoza sigue impuntual, otra vez no le llegó más que para una hora, su hora tendrá que esperar, por impaciente.

 

 



VISTA ATORNILLADA

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   La radio encima de la cajonera del salón. Junto a ella, los tornillos que su padre le había quitado. “¡Cuántas sandeces suelta la caja esa. Ya no sé si le falta un tornillo a Hitler o al trasto ese! Como solo conozco a este loro, dejo aquí al lado los de la radio. ¡Y no los toques, Fabien!”.

 

   Fabien se iba entonces al garaje y cuando el olor a gasolina se le apoderaba, cogía las latas metálicas, les quitaba el tapón y las ponía en fila junto a la pared. Sin pensar que las iba a fusilar, volvía al salón y cogía los tornillos sueltos de la radio, se los metía en el forro sedoso de su chaqueta verde con coderas, cerraba los ojos y cuando volvía a oler a gasolina, tiraba el tornillo en la dirección en que creía que estaban las latas.

 

  No solía acertar, lo achacaba a su olfato.

 



A MENOS DE UN MILLÓN DE MILLARDOS/19

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  Si alguien se encuentra a menos de un millón de millardos de segundos luz de Barcelona, puede acercarse al distrito de Ciutat Vella. En su corazón, el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, reprende el ciclo de escritores y su ciudad. Tras el Dublín de Joyce, la Praga de Kafka, la Lisboa de Pessoa y el Buenos Aires de Borges, el CCCB recoge al primer autor vivo. El italiano Claudio Magris presenta su Trieste. Plurirreligiosa, multicultural, políglota, con la plaza de Europa más grande con vistas al mar. Sacudida por el Bora, su propio viento marca a una ciudad por la que, habiendo sido eslava, austro húngara o italiana; han nacido o vivido Saba, Joyce, Svevo por citar a unos pocos de los que Magris, con su habitual generosidad, ha mostrado, interviniendo en la preparación de esta, su propia muestra. El estreno de la película que versiona su libro Así que usted comprenderá, reinterpretación del mito de Orfeo y Eurídice completa la visión de una de las ciudades más curiosas, cuando la curiosidad también consiste en mostrar cualquier ángulo de la vida. Como cualquiera de los manuscritos de Magris.


LLEGARON PARA QUEDARSE / 26

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La aventura, la gran aventura, es ver surgir algo desconocido, cada día en el mismo rostro. Es más grande que todos los viajes alrededor del mundo.

 

Alberto Giacometti.




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