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PIERO

VICTORIA Y VIDA

VICTORIA Y VIDA

Los tranvías de Barcelona a principios del XX.

 

 

 

ZARAGOZA, 1-ESPANYOL, 0

 

 

 

La Romareda, Zaragoza. Domingo 15 de mayo del 2011.

 

 

  Una semana después a la misma hora, el Zaragoza volvió a saltar a La Romareda con la misión de ganar o ganar. Repitió el lleno en el graderío, cambió un rival de rojo peligro que se jugaba la salvación por un equipo blanquiazul que por respeto llevó una camiseta a trozos gris, a trozos negra. No era una indirecta de pésame para los inocentes de blanco. Sí, una demostración de que cuando a uno no le importa demasiado el percal, se pone cualquier cosa.

 

  No lo era para los de Aguirre, que calcaron la primera parte siete días después, varias ocasiones perdidas, algún error defensivo, todo tamizado con el ponderado sentimiento de ansiedad manifiesta. Eso sí, sin lanzarse al precipicio desde el primer minuto. De esa manera, el descanso pareció un tiempo muerto, no había demasiado resuello en los locales al irse a la ducha, menos aún en el Espanyol, que se fue tan tranquilo al vestuario, que su entrenador Pochettino cogió por el hombro a Aguirre, y se metieron en el largo túnel de vestuarios para hacer el camino juntos. Dice el diccionario de la RAE dentro de la segunda acepción de la palabra tácito, así. Que no se entiende, percibe, oye o dice formalmente, sino que se supone e infiere.

 

  No se sabe si hablaron de dónde iban a pasar sus vacaciones de junio, de si aprobarían el curso, o de dónde estarían la próxima campaña. Lo que sí que cambió, fue la segunda parte. El Zaragoza siguió a la suya, buscando el tiro desde cualquier lugar, y a los diez minutos de la reanudación lo encontró. Le llegó a Ponzio un balón a quince metros del aréa, a otros tantos, los hombres de gris y negro; así que el blanquillo preparó el gatillo, concentró la mirada entre los tres palos y soltando la pierna embocó con comodidad el balón en la portería de Kameni. El alivio primero, el delirio luego para los locales, ni un mal gesto en los visitantes que en el banquillo oían por radio como se esfumaban sus últimas opciones de jugar el año próximo en Europa.

 

   Pero quedaba todavía media hora larga, media hora para que salieran los pipiolos Álvaro e Isaías, para que los dos visitantes se explayaran. Y casi lo consiguen gracias a su portero rival que ante un disparo sencillo, dobló las manos, dejó el esférico a los pies de Álvaro que hizo lo inverosímil para no embocar ni después su compañero, hasta que Leo Franco rectificó y evitó el infarto a medio graderío. Vio el ataúd el Zaragoza en esa jugada y se dejó de hacer experimentos que una semana antes le había llevado a conjugar el verbo no ganar.

 

  Consiguió esta vez quitarse el no, con la ayuda de los de gris y negro que dijeron no a poner al partido intensidad porque tenían prisa por cerrar su último desplazamiento hacia su ciudad en autobús, con el viento de cola, que el cierzo sopló de lo lindo. El Garbí igual sopla la próxima campaña, de momento acabó el partido sesteando, lo despertó el griterío de La Romareda al acabar el partido, que despidió a Ánder y este se fue al vestuario con el alivio de saber que dependen de ellos mismos para salvarse. La salvación pasa por el este, por dónde se fue el visitante tácitamente.

 

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3 comentarios

MAPI -

Podremos cambiar de mujer,de trabajo, de nacionalidad, o hasta de religión pero jamás en la vida cambiaremos de equipo de fútbol.!Viva Real Zaragoza!

mapi -

si hay esperanza ¿? Ganar y empatar Depende de nosotros, ese es el miedo dependemos del equipo, que tengan una buena tarde maestro (esto lo decía los taurinos)

zaragozana -

¡¡UUFFF!!! Aún hay esperanza...
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