Blogia
PIERO

LETRAS ENCARRILADAS

LETRAS ENCARRILADAS

 

 

 

 

 

 

 

 

—¡Viajeros al tren!

 

 

   Tres palabras que a lo largo del siglo XX se han repetido hasta la saciedad, y sin embargo casi nunca han extenuado. El apetito por los viajes no ha disminuido con el paso del tiempo.

 

  Tres palabras que marcan tres fases.

 

   La primera palabra, viajeros. No sé porqué pero enseguida se coloca al lado de la palabra lectores. Parecen inconscientes sinónimos que no se conocen de antemano pero que descubren una afinidad innata. Porque el comienzo de todo proceso relacionado con la literatura se ha iniciado con la lectura. El primer viaje entre líneas para quien tiene vista. La misma vista que contempla un paisaje nevado a toda velocidad desde el vagón, es la que ve la estepa rusa en las frases de Dostoievski.

 

  Un viaje de rumbo inconsciente, en el que se diluye el punto de partida, no se tiene destino, mientras la nebulosa de la droga literaria va cuajando como la cabaña que Baricco nos describiera allá por octubre. Porque esa es otra, octubre ya no es un mes, el tiempo tiene ahora otro sentido, si es que existe el tiempo. Existió Baricco aquella tarde soleada de jueves en De Rojas.

 

   Ese fue el último momento estático, porque luego llega la segunda palabra.

 

   La segunda palabra, al. La palabra que indica movimiento, traslación o cambio o... que más da, lo que fija es que ya hay un viaje en marcha. Una visión de lector de piel cuarteada, con ganas de encontrar un buen betún para su piel. El lector que quiere leer como lo hace un escritor, el que ya no ve nunca más un solo nivel de lectura, el que busca el ritmo entre las haches intercaladas, el que se adentra en los párrafos como inspiraciones profundas y sale de cada libro cuarteado. Con otra piel, con otro código.

 

Ese fue el primer momento dinámico, porque luego llega la tercera palabra.

 

  La tercera palabra, tren. La palabra que contiene otro mundo en la tierra. La que alberga sobre raíles otro espacio, otro tiempo, otra manera de interpretar. Porque dentro de un tren las sonrisas son más calmadas, el paso se adecua a la marcha del viaje y todos los inconscientes regalan velocidades distintas. El leer se hace más calmo, el imaginar otros viajes más placentero, y el escribir, ay, el escribir.

 

  El escribir es un golpe permanente en la cabeza, un zumbido perpetuo que recorre todos los raíles que al mundo han zurcido. Un zumbido que desprende un poema matutino, una crónica a la hora de la siesta o un relato antes de que pongan las calles en las ciudades entre las que se desplaza el viajante. Sí, viajante, porque el escritor es un viajante con su cabeza por maleta y sus letras por alforja. Ligero de equipaje, se desplaza por los raíles del interlineado sin horizonte preciso. Escuchando el roce de las ruedas del vagón, silbando calladamente la melodía de sus líneas, pierde su mirada en el cristal que le devuelve la efigie de lo que hace. En ese uno contra sí mismo, hay un uno contra el Uno de Heidegger, una lucha en pos del fracaso. Del fracasa otra vez, fracasa mejor de Samuel Beckett. Heidegger contra Beckett, la doble g contra la doble t.

 

   Galopa el tren, ironizando a García Lorca en su: “qué silencio de trenes boca arriba”.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

7 comentarios

Uno que no se atreve -

La distancia que separa el comienzo del destino incierto se visita mejor al calor de buenas letras. Si se inicia un viaje es porque algo termina. Y empieza una audacia de viajero, la valentía inconsciente del que aprende a digerir un trago amargo, el adverso sabor del acre fiasco. Quién sabe. Tal vez escribir es solo eso: atreverse. Nada más y nada menos.

white -

Ese tren me llevó a encontrar el por qué de mi camino en una posada vasca a la luz de una vela. Besos

mapi -

mi primero y desconocido proyecto a algo parecido de escrito, arranca una escena que es la huida en tren.

por eso elegi tren, y lo has definido muy bien.

lo importante no es los viajeros a donde van, sino el escritor donde quiere que vayan los viajeros

besos

Marcos Ortega -

Comparado con este, mis razones para escribir son meras niñerías ;)

mirada -

Se palpa tu pasión, tu extraordinaria sensibilidad.

:-)

Gracias.

Me he quedado rumiando ... "se desplaza"... se descalza en cada desplazamiento, se desnuda en y con la melodía...

7 -

Si quieres añadir más de 100 horas de viaje en el transiberiano....
http://www.google.ru/intl/ru/landing/transsib/en.html

bo -

¡Vaya! Ya he vuelto a perder el tren.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres