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PIERO

EL PASO EN MANTUA

EL PASO EN MANTUA

 

 

 

 

 

 

 

La mañana había salido fresca. Buena para los mantovanos, pero la bruma esponjosa que calaba en mi costillar no me dejaba darles del todo la razón. Me calcé las botas de ruido seguro y empecé a caminar por su adoquín. No tardó en hablarme de cómo estaba a esas horas. Me devolvía mis pisadas en forma de charco mocoso, a veces mohoso, y a mis calcetines les comenzó el temor de pasar un día entre humedales.

 

  No me amilané, la permeabilidad del paseante depende de tantos factores desconocidos que hacerse el ignorante profundo cuando comienza el callejeo desatasca la garganta. La flema que me había acompañado la noche anterior en la cama se había quedado en el váter de diseño lombardo gris. Verde sobre gris, combinación improbable para dar calma, pero que a mí me aliviaba como el que pasa la página más agreste de su diario triste de jueves rutinarios.

 

  Sí, un diario de jueves, de querencias adoptadas, como las madalenas industriales que se comen cuando no queda ni una chispa de imaginación en tu fósforo cerebro. Esas traicioneras madalenas que ni con leche se despegan de la glotis. Redondas en su forma externa, pero repletas de puntas de miga cuando llegan a la garganta. Un trago de agua sin gas me devolvió la calma, y busqué agua en grandes cantidades. La encontré en el lago que abraza la muralla de Mantua. Me calmo la vista, relajó mi pulso y el sonido de un cisne remolón adormeció mi oído. El susurrar inocente del viento en el sauce llorón hizo de anestésico y me olvidé de los humedales que acechaban a mis calcetines.

 

  Caminé por la hierba fresca junto al agua dulce y mis pasos empezaron a hablar de tierra machacada por las innumerables incongruencias de los paseantes. Incongruencia en el fumar puros toscanos con una tos egregia, incongruencia de comerse un bocadillo de panceta con la barriga feliz, incongruencia en los pies descalzos que llamaban al humedal a prestarles un buen revuelto de hongos. De esos hongos color crema, color marrón, color incongruencia.

 

   De esa rítmica incongruencia que me entró cuando vi a una cuadrilla de mantovanos reírse sin parar por la calle, a los que tuve que ceder el paso para no ser atropellado. Qué hacía allí alejado de todo lo que me aferraba a lo que era. ¿Cuántas lágrimas caben en Mantua?, ¿cuántas lloreras caben en su lago? Lucrecia se manifestaba en cada sonrisa de italiana maquillada que me cruzaba, Lucrecia me guiñaba un ojo cada vez que se reconocían dos paseantes, Lucrecia me miraba desde cada escaparate en penumbra, Lucrecia me susurraba al oído que era una sombra gris en un mundo de sonrisa verde. Lucrecia me recordaba la flema matinal en el váter lombardo. Maldita la hora en que le dije a Lucrecia: “me voy a Italia, haz con tu humedad lo que quieras”.

 

 

 

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7 comentarios

Edu -

Los velos recientes de la ciudad mojada no consiguen detener el ritmo muelle de sus pasos. Los de la sombra gris perseguida por un guiño, mecida por por la dulce canción de las algas tristes Todo se queda allí, entre la niebla incongruente y el agua pintada de verde nenúfar.
Mantua otra vez.

white -

Mantua, unas pisadas, la humedad, el abrigo de unas letras. Besos Piero, sigue caminando, aunque sea entre humedades.

mapi -

ah piero ah piero a una mujer y menos a lucrecia se le dice esto:
"me voy a Italia, haz con tu humedad lo que quieras”.

no sabes cuanto se echa de menos a una persona, en el momento de que ya no esta a tu lado

besos bino
ajjajaja

Marcos Ortega -

Lucrecia está contigo en Italia, quizás aún no se haya manifestado, pero estoy seguro de que está.

7 -

Manto permeable como su piel, que acoge todo tipo de pasos e incongruencias, a la vez que confortable y entrañable que cubre a todo quien se encuentra con ella. Por supuesto también a Lucrecia!!.
Grazie.

bo -

Ma...Gigi, ¿a quién se le ocurre decirle eso a Lucrecia antes de viajar? ¿Acaso pretendías llevártela, secuestrada, en tu pensiero?

mirada -

¡Qué gozada, Pedro, qué gozada!
Caramba, cuánto me gusta leerte.
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