TRANCO MEDITATIVO
Lo había oído tantas veces. No es fácil coger el punto exacto. Se puede medir con el codo. Pero depende de cada piel. Es más relativo de lo que parece. El agua caliente en recipiente pequeño es muy traicionera. Paciencia, una gasa, esparadrapo y aquí no ha pasado nada.
Lo pensé cuando caminaba rodeado de gente aquella tarde en la Gran Vía. Es lo bueno de las calles infestadas de peatones. Te permite sentir que no estás sólo. En realidad es una marea que no te deja en ningún puerto, te lleva y la inercia es la que al final te coloca. Por eso en muchas de las cafeterías de esa calle se ve a gente varada. Es fácil reconocerles. Se les ve en la mirada. Van solos. Observan al resto y en sus ojos no pueden esconder la pregunta. ¿Y a usted también la marea le ha dejado aquí? ¿A qué no es fácil andar por la Gran Vía?
El café te tranquiliza, vuelves a pensar que eres normal. Asemejarnos a los demás nos relaja. Volvemos a pensar en todo eso de que el sentirnos partícipes de una comunidad es lo mejor de vivir en una ciudad. Y a la venerada ciudad me volví a echar. Comencé a observar a la gente con más detenimiento. Pero como mirar a los ojos en la ciudad se considera agresivo, cambié de foco. Me fijé en sus codos. Sí, esa parte tan olvidada que cuando le sucede algo tenemos que girar nuestro brazo para verla. Y empecé a calcular, por seguir sintiéndome parte de la comunidad, cuántos de los viandantes se habrían quemado al alba. Y lo peor, quienes de ellos a pesar de socarrarse no se habrían protegido la herida. Porque las prisas nos obligan muchas veces a dejar las cosas a mitad. Y un codo merece toda nuestra atención, nada de la mitad. ¿Acaso el codo hace su función a medias? Bueno, sí, el que tenga el codo de tenista. Pero como esa lesión parece de risa, no la solemos tener en cuenta casi nunca.
Y empecé a imaginar codos. Codos finos de mujeres de tobillos famélicos. Codos rechonchos de barrigas deformes. Codos callosos de manos nudosas y secas. Codos arrugados de sienes plateadas. Sí, un buen catálogo de tipos de codos. Sería una buena novedad en las librerías científicas. Los codos mejor cuidados recibirían de la asociación de dermatólogos un premio sencillo. Una chaqueta con coderas y a correr. ¿Por la Gran Vía? Sí, porque no. Pero no hace falta trotar. Con un tranco largo, el codo se menea demasiado.
El sonido rotundo del claxón me invadió. Vi un paso de cebra desierto, un morro de coche blanco a medio palmo de mis rodillas y la cara de un bulldog trasladada a un taxista que levantando el sobaco me increpaba el haber invadido la calzada. Miré el semáforo, estaba rojo para mí. E instintivamente mis ojos volvieron al taxista. Sí, también estaba rojo su codo izquierdo. ¿A cuántos grados estaría el agua en su casa esta mañana?
6 comentarios
Edu -
7 -
bo -
Jarrita -
mapi -
jjajja
mirada -
Sigue discurriendo así, se disfruta. Gracias.