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PIERO

VELAS DESCARRIADAS

VELAS DESCARRIADAS

Catedral de Getafe en un grabado del XIX. El club, un poco más tarde, 1976. El benjamín de la categoría.

 

ZARAGOZA,  3-GETAFE, 0

 

La Romareda, Zaragoza.

 

 

  El diccionario de la RAE no recoge la voz Ustari. Pero la más cercana remite a ostaga, cabo que sirve para izar las velas. Al cancerbero del Getafe más le habría haberlas izado todas con prontitud. Sobre todo antes de la media hora de juego. Cuando sus acciones demostraron que su equipo no tiene su punto fuerte en defender los corners. Dicen las malas lenguas que en los estrenos en Las Margaritas se ensayaban mejor los saques de esquina defensivos.

 

  Si cambiamos las habladurías por los hechos, veremos que otro de Getafe tuvo su día. Dio de cabeza la asistencia a Abel Aguilar en el segundo gol a la salida de un corner. Antes había abierto el marcador con otro testarazo cómodo, también a centro de Jorge López. No celebró nada, no estaba enfadado con nadie, y tendría motivos, pero a Pavón lo que le mandaba era el corazón. Getafeño de nacimiento y abonado por vocación, le tocó al madrileño ser el verdugo de su equipo.

 

  Casualidades al margen, la primera parte zaragocista siempre levantará la moral de los blanquillos. El trabajo atinado y constante hasta el minuto noventa de Gabi, encontró el tino otra vez más de Jorge López. Sólo faltaba la guinda de Aguilar que con sus dianas refrendó la del jueves en el Molinón y sin quererlo se erige en la figura de un Zaragoza tan extraño como sorprendente.

 

   Sorprendió de veras el planteamiento de Míchel. Su equipo gusta del toque, pero ante los de Marcelino empezó cediendo el balón para acabar dando el espacio y el marcador. Sin darse cuenta entregó los puntos en el descanso. Quiso recuperar el partido tras la expulsión de su ayudante, un tal Esnaider, imborrable en la Romareda, pero la entrada de Soldado y Albín dio un poco de gas, pero poco más. Como el espumoso de saldo, a los dos minutos se habían diluido. Eso fue lo que predominó en los madrileños, la dilución, la renuncia al envite. Ni una falta en toda la primera parte, ni una pierna agresiva, ni una cabeza entonada. Solo el empaque de su entrenador hizo pensar que había equipo frente al Zaragoza.

 

  Este ya estaba de vuelta, dio minutos al enésimo retorno del hijo proscrito-pródigo Ewerthon que un pase celestial dio en bandeja el tercero a Aguilar. Con el cierre del silogismo se acabó la historia del partido. Copió entonces el Zaragoza a los visitantes, arrió las velas y mientras comentaba la bondad de la tarde, les vino a la cabeza lo que piensan los que van con el viento a favor. Qué lujo, hoy hasta tenemos minutos de la basura. Muchos tiró el Getafe, problemas de vela se supone. A base de retales quiso construir un traje, como los cabos chusqueros, como los porteros que mandan a saque de esquina los balones que iban fuera. Y eso que en las esquinas, las velas nunca pueden ser arriadas.

 

 

piero © todos los derechos reservados

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2 comentarios

MAPI -

QUERIA VERLO EN VIVO GRACIAS POR SENTIR LOS COLORES CON TUS ESCRITOS
BESOS

mirada -

Eres muy ingenioso para estas retransmisiones futbolísticas.
Me gusta.
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