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PIERO

ANDANZAS DE RIBERA/1

ANDANZAS DE RIBERA/1

La foto es de www.alasdeplomo.com

                              DEL AZUD DE VADORREY AL GÁLLEGO

    

 

     Atravesar un azud, pisar un tacto resbaladizo, caminar sin esfuerzo, con ruidos acuáticos de presión provocada por el hombre. Un ciego al principio podría sentir miedo ante la escandalera que creó el ingeniero. Pero cuando descubre que es un ruido regular, domado, acomodado para que las embarcaciones puedan seguir su travesía, empieza a relajarse.

 

  Y ya no para, porque ese es el último ruido artificial que oirá al seguir hacia el este. A partir de entonces la vegetación le acompañará, sus pisadas cobrarán sentido acústico y la vista adaptándose al cauce, se ensanchará. Es entonces cuando el Ebro se vuelve a sentir cómodo. Se relaja, se expande y sesteando en su nueva hora ya sabe que la mano del hombre esta vez no fue asesina. El paseante pierde altura, se acerca al agua y se deja cubrir por el puente del cuarto cinturón. Un latir irregular de coches al atravesar las juntas de dilatación dejan en el tímpano del peatón un pulso sincopado. Una frecuencia última de civilización antes de regresar de pleno a la naturaleza. Bueno, no. Todavía le queda un pequeño susto. Un zumbido profundo venido de la nada que en cinco segundos crea el vacío sonoro. La detención del aire, del sonido, de la vida. El instante en que las mentes recelosas piensan que la vida se ha parado. Fijado, inamovible.

 

   Y lo que se ha movido ha sido el tren de alta velocidad. Que cuando uno tiene el pie en tierra comprueba lo lejos que está de deslizarse sin freno por los raíles de la prisa ciega. Recuperado el pulso vital, seguirá su camino custodiado por farolas cómplices. No del que las ve, si no entre ellas. Todas han decidido mirar a Levante, en su extremo superior, la placa solar explica su orientación. El observador condicionado mirará hacia allá y lo que encontrará es una isleta en medio del cauce. La que acoge al Gállego, la que en diálogo con otra más reducida pregunta cómo le ha ido el viaje al río chico. 

 

  Agua dulce encuentra a agua dulce. Laminerías aparte, el camino de La Alfranca coge peso, se incorpora al tiempo que marca el cauce y se encamina hacia Levante, como don Quijote cuando buscando Barcelona encontró ínsulas oníricas de valor incalculable.

 

   El que pise la tierra que acoge al pie por la ribera, sabrá que algunos plátanos hacen que su compañía sea más fiable que la de quién le cuente aquello de que todos los ríos van a parar al mar.

 

 

piero © todos los derechos reservados

 

 

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3 comentarios

mirada -

Lo has descrito tan rico que apetece.
Es cierto es incalculable valorar lo que representa leerte.
Es tremendamente gustoso tu manera de mirar, de imaginar sensaciones, y también como las trasladas a los lectores,
gracias de corazón, por hacerme disfrutar deste momento.

Un abrazo

bo -

La ribera de Barataria, aguas arriba de la de Zaragoza, está supeditada como la zaragozana a los caprichos del Ebro, aunque azudes, taludes, islotes, galachos, riberas, sotobosques y bosques de galería logran dominar el agua que no cesa.

mapi -

Italia es mi perdicion, mi ribera es mi pasion.No hay un domingo que no paseo por ella
Un beso
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