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PIERO

CUERDA DE VIOLA

CUERDA DE VIOLA

 

                                                LA TERCERA MANO

 

                                                                                                                                                                     A Pascal Quignard

 

 

  Marin Marais salió de su casa, en la calle Bertin Poirée, con paso descontrolado, mirar tramposo y hocico vibrante. Su boca todavía albergaba restos del venado del que había dado buena cuenta. La llamada de Palacio Real no admitía esperas, y la puntualidad no es virtud entre las personas que no han alcanzado la treintena. Esperaba hace tiempo audiencia con el Rey. Aún joven, ya sabía que los borbones, aunque no los tocaban, siempre hacían su voluntad. Para eso se dejaban acariciar por el tibio nombre de Rey Sol.

 

  Llegó ante su majestad y tras los protocolos inapreciados por el ya sudoroso Marais, le indicaron con la vista la viola de gamba que reposaba en la chimenea. La cogió sin reparar en el monarca, una viola supera todos los rangos para un músico, y tras diez minutos frenéticos se hizo el silencio. El joven, exhausto, espero algún sonido, ya no un aplauso. Veinte segundos después, un simple: “ le avisaremos” le hizo ver que podía regresar a su ya frío venado.

 

 

  Monsieur Garnier no tuvo que trotar ni sudar. Vivía cerca del Palacio Real. Entre otros motivos, porque sabía que pronto sería llamado a audiencia. Ya superada la cuarentena, no quería que una sanitaria le cogiera fuera de París el día que fuese reclamado. Atendiendo a lo recargado de palacio, olvidó postrarse ante el monarca. Éste, por no mostrar palabra, prefirió señalarle con la mirada la viola de gamba antes que observar de qué color lleva el pelo un Garnier.

 

  Ni el encontrarse tan cerca de casa, ni el tiento que da ser padre en cuatro ocasiones, evitaron que al cesar de vibrar las cuerdas de la viola comenzaran a hacerlo sus aletillas nasales. Escuchó por primera vez en su vida el ya reiterado en palacio: “ya le avisaremos”. No quería entrar en casa hasta que su nariz volviera a recuperar sus constantes vitales. Decidió tomar el aire con un paseo hasta el bosque y más allá.

 

 

   Monsieur de Sainte Colombe con paso calmo, mirada cálida y olfato sereno, caminó por el familiar empedrado callejero con mimo para no alterar su madera. Llegó con aliento plácido, y ya todo fue despacio. Se inclinó ante el monarca tras observar su retina violácea; y aunque siguió la mirada real, no pudo menos que alterar su rostro al ver una viola de gamba junto a la chimenea. Pensó y sedimentó antes de decir algo que le llevara a huir. Nunca una madera tratada debe dejarse junto a una fuente de calor.

 

  Sacó de la funda su viola de gamba. La acarició como había hecho los treinta años anteriores, y con el primer rasgado en palacio, no se escuchó ni  tos, ni estornudo de torpe, ni grito de infante consentido. Cuando ya nadie recordaba que estaban en una prueba para el puesto de músico de cámara real, descansó la cuerda, y el silencio confirmó a los presentes que lo que acababan de escuchar no era un sueño.

 

   Con la inclusión de la séptima cuerda, la viola aumentó su extensión una cuarta.  Así imita todas las cualidades más bellas de la voz, que es el único modelo para todos los instrumentos.  Al hombre que había dado semejante paso musical no se le conocía casa. En la guía de direcciones de la ciudad de París de 1692 se anunciaba a los maestros de viola. Junto al nombre de Sainte Colombe un blanco tipográfico confirma que era un desconocido para el registro civil. Aún hoy, sigue ignorado.

 

 

 

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5 comentarios

Gabriela -

Devuelvo la visita y me encuentro con el señor de Sainte-Colombe y su viola. Somos viejos amigos. Saludos cordiales.

mapi -












































































































segun para ti el mejor libro de el
El salón de Wurtemberg
Las escaleras de Chambord Todas las mañanas del mundo Vida secreta
Terraza en Roma
Les ombres errantes
Las tablillas de boj de Apronenia Avitia
tu diras para leer Un beso

bo -

Bravo ¿quién es Pascal Quignard?

Edu -

Busquemos sin descanso a Monsieur de Sainte Colombe. Rescatémosle del injusto olvido que la mediocridad propicia. Encontrar un sueño es imprescindible. Como imprescindibles son ya tus palabras.

mirada -

Es muy emocionante. Este hermoso homenaje te deja con ganas de seguir leyendo.
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