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PIERO

DEL FLEMÓN AL BALÓN DE MESSI

DEL FLEMÓN AL BALÓN DE MESSI

Trapecistas en el Raval de Barcelona. Algún año antes de que se fundara el FC Barcelona, en 1899.

 

ZARAGOZA, 2-BARCELONA, 4

La Romareda, Zaragoza.

 

 

Dicen que un flemón molesta mucho. El de Messi por mucho tiempo a Roberto. El portero del Zaragoza poco pudo hacer ante el vendaval del argentino. La noche en que la infección bucal remitía en el delantero culé, volvió a realizar otra de sus exhibiciones. Y es que lo de Messi es poner otra y otra y otra miguita en la búsqueda inconsciente por ser uno de los grandes de la historia. Juega cuando quiere, anima siempre al compañero errático, Ibrahimovic le debe un gol y demasiado cariño, marca con la cabeza, con el pié, destroza cinturas italianas como la de Contini, y cuando el rival se acerca a la desesperada en el marcador, gracias a la velocidad de Colunga,  vuelve a brillar para destrozar el ánimo a cualquiera.

 

Y aparte de su vendaval, ¿qué? Para el recuerdo poco más quedará. El Barcelona agradeció el despiste de Diogo en el inicio del partido, y sesteó una hora. En esa hora hubo de casi nada. Control paciente del Barcelona, empeño estéril del Zaragoza y el reloj que pasaba liviano. ¿Hasta cuándo? Hasta que de nuevo el de Rosario se despertó, dribló a quién se le acercaba y desencadenó otro partido.

 

En veinticinco minutos, cinco goles. Del 0-1 comedido, al 2-4 excesivo. Excesivo por el juego, por el ritmo, por los méritos, por el esfuerzo, por el acierto, por... salvo por él, sí, por Lionel Andrés Messi. Con todos los títulos que un equipo pueda conseguir en una temporada en su palmarés, con todos los trofeos que un jugador puede guardar en su casa, sus 25 goles en Liga le destacan en el Pichichi, 9 goles seguidos del Barcelona han llevado su firma. Si alguien sabe dónde está su límite, que se dedique a vidente.

 

Es lo que no pudo hacer el equipo de Gay, trató de controlar la media, pero la presencia física de Touré y Keita, hizo olvidar el juego de toque de los ausentes de inicio Xavi e Iniesta. Con Milito y Piqué de nuevo como pareja de centrales en La Romareda pero con la camiseta azulgrana en vez de la blanquilla, el Barça se encontró en casa del principio al final. Sin forzar, sin arriesgar, sin manchar, como lo hacen los equipos que saben dónde están y a que juegan, con el abanico de jugadas posibles extendido. Jugando de memoria y con los desplazamientos de balón y jugador precisos. Una máquina para disfrutar. Como la del Ave que les llevó a Zaragoza para jugar uno de los encuentros más livianos que podían imaginar.

 

  También para el indiscutible Messi. Como los niños en día de fiesta. Llegó en tren a Zaragoza con un flemón y diez horas después se volvió en otro con un balón. El de su hat trick. Ventajas de viajar en tren para los que no necesitan llegar al 1,70 para disfrutar como un niño, ilusionando con su juego a cualquier niño de cualquier edad.

 

 

 

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4 comentarios

white -

¡Ay! ¡Cómo duelen los flemones!Besito de trapo blanco reliao en las muelas.

mirada -

:-)

bo -

Mucho Messi, privilegiado cráneo futbolístico el suyo.

mapi -

Si, pero Adrian Colunga metio dos goles,el primero con la zurda tras una jugada del equipo con un pase de Contini y la segunda con la derecha tras una jugada individual

segun se mire podía ser peor,hemos luchado ante un fiera como es el Barcelona.

besos
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