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PIERO

ENCIERRO DE PELÍCULA

ENCIERRO DE PELÍCULA

Pamplona. Antigua estación de autobuses. 1934. Catorce años después de la fundación del CA Osasuna, un miércoles, también de noviembre.

ZARAGOZA, 0-OSASUNA, 1

 

La Romareda, Zaragoza.

 

 

 

  Hace un par de días, en pleno noviembre, se rodó en Cádiz un encierro. Para añadirle irrealidad, Tom Cruise llevaba de paquete en una moto a  Cameron Díaz, y a su rebufo, a una manada de toros. Semejante inverosimilitud sólo cabe en las mentes cinematográficas de Hollywood. Algo así pasó en La Romareda. Osasuna hizo corrillo, como los verdaderos corredores de encierros, antes de empezar el envite, y se entregó a la confabulación. Le funcionó. Sobre todo en la primera parte. El toque de Nekouman y el tono de Masoud, le dieron aplomo, y el gol que a la postre le daría las orejas.

 

  El iraní Masoud es natural de Shiraz, una población que fue capital de Persia a finales del XVIII, y que hoy, con un millón largo de habitantes, descansa a casi mil quinientos metros sobre el nivel del mar. Esa pareció la altura que tenía el medio centro osasunista. Desde ahí con soberano aplomo persa llevó al esférico, a su equipo y por encantamiento árabe a los de Marcelino, a su cueva. Cuando el hechizo no le bastaba, recurría a Camuñas, que con su bota demostraba que a veces los guantes también están en las extremidades inferiores. Así se fueron al descanso. Relajados en busca de la ducha con sales.

 

   Salió tras la pausa el Zaragoza con brío. Entró la flecha Ewerthon, y el orden y concierto se fueron por peteneras. Empezó el ataque alocado, la falta de pases intermedios, y al final desparecieron también las medias. Fue como en esas películas en las que se van añadiendo espejos hasta que desaparece el único cuerpo que había, y sólo quedan las imágenes proyectadas. Así fue la segunda parte, un encuentro de espectros. Los blanquillos se lanzaron en busca del segundo gol, sin caer en la cuenta de que necesitaban un primero. Osasuna pastó por el campo en espera de coger el autobús de vuelta, mientras el Zaragoza se liaba a pelotazos consigo mismo, como el perfecto fantasma que aspiraba a ser. Sin siquiera agotar los cambios, sin ventanas nuevas por ver si entraba aire fresco, sin fe en las variantes. Acabó sin media, descabezado, como un cabestro.

 

  Vamos, lo ideal para los pamplonicas, encontrarse con cabestros por rivales, espectros por contrarios, blancos inmaculados sin intención por contrincantes. Al acabar el encuentro, los osasunistas se abrazaban incrédulos de cómo con tan poco se habían llevado los tres puntos, o las dos orejas y el rabo. Corrieron menos que Cruise y Díaz por Cádiz. Ni siquiera necesitaron de la moto, les bastó con el patinete, ese que el Zaragoza les cedió porque ya sabía como patinar.

 

   El único zaragocista que no esbarró fue López Vallejo, porque sus dos paradas, llenas de reflejos, demostraron que podría correr los encierros. Por algo jugó en Osasuna, por algo es pamplonés.

piero © todos los derechos reservados

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3 comentarios

white -

Lo siento Piero, pero si estos partidos te arrancan esta prosa, pues que sigan perdiendo puntos.

mirada -

uff...
vaya desastre de partido,...
pero es una gozada imaginarlo a través de tus palabras, incluso daría para un corto de dibujos animados.
:-)
Eres genial, sigue, sigue...

mapi -

me gusta tom cruise con una cronica de futbol, mi imaginacion vuela, un TOM en el campo de futbol y corriendo detras de el Cameron jaajja
Besos
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